Los presidentes de América Latina, adictos a Twitter

domingo, 28 de abril de 2013

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Cristina Kirchner, Nicolás Maduro y Ollanta Humala.
Cuando un millón de argentinos enfadados inundaron las calles a principios de este mes para protestar contra su gobierno, la presidenta Cristina Fernández decidió publicar un mensaje en Twitter. Y otro. Y después otro más.

"Sí, soy un poco cabezona, y también mayor. Pero al final, es la suerte de llegar a la vejez, ¿no es así?", decía un tuit. También reflexionó sobre un fresco del siglo XIX en su "magnífico" palacio y de los méritos de un programa de alfabetización estatal.

Al final del día, Fernández había enviado 61 tuits en un periodo de nueve horas, prolífico incluso para los estándares de América Latina, donde los presidentes y otros líderes políticos han adoptado los medios sociales con un celo sin parangón.

Su amor por Twitter, en particular, ha dado a millones de curiosos una ventana al diseño de políticas en tiempo real y, a menudo, a los pensamientos más íntimos de sus líderes.

Sin embargo, también ha alimentado el debate sobre si algunos son culpables de "compartir en exceso", convirtiendo la política en algo más polarizado, los enfrentamientos en algo más personal y que posiblemente podría hacer que los líderes se sientan incómodos cuando publiquen conversaciones con extraños en un baño, como por ejemplo también hizo Fernández este mes.

"Todo el mundo que utiliza Twitter sabe que a veces escribes algo y pulsas el botón de enviar sin pensar suficiente sobre ello. Es algo peligroso en política... y hemos visto muchos ejemplos de ello", dijo Alan Clutterbuck, presidente de la Fundación RAP, un grupo con sede en Buenos Aires que trata de mejorar el civismo del discurso político.

"Deberíamos mantener a nuestros líderes políticos a un nivel diferente", dijo. "Ves un mensaje que dice 'Me estoy comiendo un sándwich', y piensas: '¿A quién le importa?'".
Rica tradición de discursos

Con una rica tradición de oratoria florida, América Latina produjo los famosos discursos de cinco horas de duración de Fidel Castro en Cuba. Así que es poco sorprendente que algunos de sus líderes de hoy hayan acogido la nueva plataforma para expresarse, pero también luchan para meter con calzador sus pensamientos en mensajes de 140 caracteres o menos.

Los políticos también han recibido insultos desde antes de la era Twitter, como cuando el fallecido líder de Venezuela Hugo Chávez denominó al ex presidente de Estados Unidos George W. Bush como el "diablo" en Naciones Unidas en 2006.

Sin embargo, no hay ninguna duda de que la tecnología ha hecho que los vituperios vuelen más rápido que nunca antes.

A raíz de las disputadas elecciones de este mes para suceder a Chávez en Venezuela, hubo momentos en los que ambos candidatos tuiteaban de forma simultánea ataques contra el otro.

El ganador eventual Nicolás Maduro se refirió a la oposición como "fascistas" declarando: "En su odio y desesperación son capaces de todo". El candidato perdedor Henrique Capriles utilizó Twitter para cuestionar los resultados de la votación unas horas después de que se cerraran las urnas, tuiteando: "¡Hay un presidente ilegítimo!".
Mostrar la parte más humana

Los líderes de otros lugares también han adoptado Twitter, aunque no con el mismo fervor con el que alimenta su cuenta el presidente de Estados Unidos Barack Obama, pero su perfil dice que sólo envía algunos él mismo, firmando como "-bo". Hasta el viernes, no había enviado ninguno de estos tuits en al menos un mes.

En contraste, los presidentes más prolíficos de América Latina tuiteando, Fernández, Maduro, Juan Manuel Santos de Colombia y Enrique Peña Nieto en México, envían un gran porcentaje de mensajes por sí mismos, según dicen sus ayudantes.

El más popular de todos fue Chávez, quien tuvo más de cuatro millones de seguidores antes de su muerte el pasado marzo.

Sin embargo, no todos se han unido al barco de las tecnologías: la presidenta del país más grande de la región, Dilma Rousseff de Brasil, dejó de tuitear después de ser elegida en 2010. "Piensa que es una pérdida de tiempo total", dijo un ayudante.

Pero para otros, se ha convertido en parte de su identidad.
El expresidente más activo en Twitter

Desde que dejara la presidencia en 2010, el antiguo presidente colombiano Álvaro Uribe ha enviado docenas de tuits al día criticando a Santos por ser débil en seguridad, entre otros supuestos fracasos.

Los críticos de Uribe dicen que ha disminuido su importancia e injustamente paralizado a su sucesor elegido, por un peso tan frecuente en los asuntos del día a día. Sin embargo, no ha dado muestras de desaceleración e incluso colgó una caricatura de sí mismo encorvado tuiteando en su Blackberry en la oficina de su casa.

"Permite una comunicación directa, sin intermediarios", dijo Uribe por correo electrónico. "El peligro es que te tienta a reaccionar a las primeras impresiones, por lo que trato de evitar ver muchas de las provocaciones que llegan".

Twitter puede recordar a los votantes que sus políticos son humanos, e incluso vulnerables.

La noche de la marcha contra ella en Buenos Aires, Fernández viajó a Caracas y comenzó a reflejar la muerte de Chávez, palabras que añadieron una intensidad especial tras la muerte repentina de su propio marido, el antiguo presidente de Argentina Néstor Kirchnner, en 2010.

"¿Por qué los que viven con tanta intensidad nos abandonan tan pronto?", tuiteó.

La noche siguiente, comenzó a escribir sobre "la condición humana", antes de recordar que aparentemente, incluso en Twitter, hay límites. "Perdonadme", tuiteó. "Comencé a pensar y desde que no puedo hablar (porque mi voz se ha ido), lo estoy canalizando por aquí". "Al final, es sano y absolutamente inofensivo".
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